Crucifixión

(Si quieres puedes escucharla más abajo)

Hasta escribirla duele. Esta palabra me provoca nauseabunda pena, una congoja que mezcla malestar físico y ganas de llorar. Una forma un poco rara de retomar el vapor del tiempo presente, pero que le vamos a hacer, esta reflexión necesita salir y espero que, como en el caso de Cristo, haya resurrección.

Vamos allá.

Hace más de 20 años acompañamos a nuestros amigos payeses a una jornada de vendimia en Tarragona. Encorvados cortábamos los racimos maduros bajo el sol de finales de agosto. En el descanso para el almuerzo, sentados en la áspera tierra: agua fresca del canti, pan de hogaza, queso y, por supuesto uvas. Tras horas de fatigoso trabajo y una vez lleno el carro a espuertas, el tractor nos llevó hasta la cooperativa donde se pesa y se mide el grado de azúcar de las uvas que se convertirán en vino. Tiempo esfuerzo, atención y cuidado.

Semana Santa 2026 en la misma tierra, otro viñedo, la imagen de una vid me recuerda a Cristo crucificado. Hoy las vides se plantan, se podan y se guían para ser cosechadas a máquina. La tecnificación ahorra trabajo humano y permite economizar recursos.

¿Sentirá la vid la diferencia entre el contacto de la mano que acoge el racimo  con el zarandeo brusco y mecánico de la cosechadora? Estoy segura de que sí. En aras de la eficiencia damos forma a frutales, retorcemos vides, estabulamos y tratamos cómo materia los animales, (véase las granjas cárnicas de porcino o aviares).

Y ¿A las personas? A Cristo lo crucificaron porque era incómodo, cuestionaba lo establecido, hacía preguntas y pregonaba ideas revolucionarias. Aunque lo normativo ha sido una constante a lo largo de la historia y en la Ilustración el espíritu enciclopédico se encargó de definir, alinear y etiquetarlo todo, ha sido en el siglo XX y especialmente  en las últimas décadas cuando el sistema educativo y social se ha ocupado de establecer moldes, y obligarnos a encajar en ellos.

Los moldes de género y los estéticos, por fin en cuestión, son los más fáciles de percibir, pero hay muchos otros: sociales, cognitivos sensoriales…. ¿Si no encajas? Disimulas, el problema lo tienes tú.

Me gustaría poderos transmitir en estas líneas el sufrimiento que provoca obligarse a ser quien no eres. Tuvo que ser mi hija Carlota, la que tras mucha terapia, análisis e indagación descubriese porque nos sentimos como vides alambradas y la crucifixión me produce tanto rechazo.

Y si, hoy se habla más que nunca de las neurodivergencias, se clasifican y etiquetan, se les pone nombre, porque lo que no se nombra no existe, pero a todas ellas se las llama trastorno porque se salen de los moldes de lo que se considera normal.

Quiero liberarme de los alambres, quiero poder mostrarme y ser apreciada y respetada como soy.

Quizá por ello celebro con tanta alegría las manifestaciones del día del Orgullo, entre personas de colores que por fin pueden mostrarse tal cual son.

Quizá por eso me gusta escribir aquí.

A Carlota con amor. Gracias por enseñarme tanto.

Aquí puedes escucharlo

Texto y voz: Pámela Sprätz. Música: Matthieu Saglio ,»Vals de Pame»