Bill Viola. The Path

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Bill Viola es el maestro indiscutible del videoarte contemporáneo. Mi primer contacto con su obra tuvo lugar en la producción de Peter Sellars de la ópera Tristan e Isolda, estrenada en el Teatro Real de Madrid en la época en que Gerard Mortier era su director artístico, poco antes de su muerte.  Una de las mas bellas inspiraciones de la historia de la Música llevada a escena solo a través de sus videoinstalaciones. Fue una experiencia memorable, una sacudida profunda y gloriosa, un sentir que el paraíso no está perdido, si acaso transfigurado.

Con una clara y reconocida influencia oriental, la narrativa de Viola está construida alrededor del tiempo. Este es, mas que la tecnología, la verdadera materia de su arte. Una suerte de tiempo detenido, cadencioso y silente, que remite al espectador a una dimensión psicológica y lo transforma. Nuestra percepción sensitiva evoca, de manera especular o simbólica, realidades que apelan a nuestra naturaleza íntimamente humana y la trascienden. Cualquiera de sus instalaciones es una experiencia espiritual, una fisura de lo cotidiano, un vislumbre de nuestra existencia, de lo arquetípico y lo trascendente. Su fuerza y su inmediatez resultan fascinantes. En Viola, el lenguaje de imágenes adquiere la altura del lenguaje musical, mas allá de lenguaje de la palabra. Su obra hiperrealista, flexible y llena de matices, centra la atención en el ser humano y alude reiteradamente a los ciclos, a los cuatro elementos, al claroscuro y a la Luz.  Bill Viola nos demuestra que la creatividad humana es inagotable.

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The Path es una instalación video-acústica en formato gigante, alargado. Se exhibe a veces de manera independiente, como se vio en Palazzo Strozzi de Florencia la pasada primavera. Habitualmente comparte sala con otras cuatro, en un ciclo de frescos digitales titulado Going Forth By Day. Así se expuso en la retrospectiva del Museo Guggenheim de Bilbao. Tuve ocasión de contemplarla en ambas ocasiones y, en mi juicio de espectador aficionado, esta última disposición, aunque forma  un todo coherente, limita la perspectiva. El potencial estético y emotivo de cada una de las obras es, para toda persona sensible, formidable, y se beneficia de un amplio espacio físico para su contemplación. The Path es, en sí mismo, una experiencia completa.

En The Path contemplamos, durante mas de treinta minutos, un pinar soleado en el amanecer solsticial, y decenas de personas que lo recorren en silencio. Un paisaje sereno que trajo a mi memoria, vívidamente, los caminos de mi infancia en un pueblo castellano, las Navas del Marqués. Los paseantes caminan despacio, todos en una misma dirección y sentido. Hay jóvenes, adultos, ancianos y algún niño. No hablan, casi todos viajan con lo puesto y la mayoría hace su paseo en soledad. Y el camino no está trazado. Como decía el verso de Machado, lo hacen los peregrinos al andar.

Metáfora de la vida consciente, The Path muestra poéticamente el transcurso de nuestra existencia. Genera, en los que lo contemplamos, impresiones melancólicas de identidad, soledad, brevedad y finitud. De la misma manera que todos estamos llamados a asumir la tarea de existir, los personajes que recorren The Path comparten andadura, espacio y tiempo. Aunque cada uno de ellos irradia un color y una textura que le son propias, el sendero recorrido de la existencia es el mismo. Están habitualmente solos, como lo estamos íntimamente todos los seres humanos, en la medida que somos llamados de forma exclusiva a nuestro ser en el mundo. Cada uno da sus propios pasos, si bien otros nos acompañan un trecho y algunos, de vez en cuando, nos cambian el paso. El viaje es corto. Y tiene necesariamente un final, que todos los personajes avistan, que todos, en la conciencia de nuestra finitud, hemos de asumir.  Como dijo mi amigo J. del Campo, importa el rastro y la memoria que dejamos, y este solo se completará cuando hayamos abandonado el paseo. La manera en que lo hagamos completará nuestra foto final.

Como Rick Deckard en Blade Runner, también somos replicantes: nuestros días están contados. Solo poseemos tiempo, Dice Baltasar Gracián en el Arte de la Prudencia. Y en este sentido, el fresco vivo de The Path nos emociona y nos interpela, trayéndonos a la conciencia nuestro tiempo de vivir.

                                      Madrid, 22 enero 2018

Rinaldo, Georg Friedrich Haendel


3 respuestas a “Bill Viola. The Path

  1. Gracias Ana, aunque es una pena verlo en el ordenador, parece como siempre sobrecogedora (no se si es la palabra adecuada)

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  2. Gracias, Iris, por tus comentarios.
    No vi aquella exposición, entonces no sabía de la existencia de Bill Viola. Todo lo que aún no hemos vivido me parece un hecho tan desafortunado como feliz. Desafortunado porque no lo tenemos en el “haber”; feliz porque es un débito de emoción y placer alojado aún en el porvenir. Lo veré.
    Sí he seguido algunos de sus pasos en los últimos años: en Madrid, Londres, Florencia, Bilbao. En abril de 2017 todos los lugares de interés artístico en la ciudad de Florencia tenían una o varias de sus instalaciones como una visión actualizada de las obras de arte contenidas en cada museo, iglesia o palacio.
    Estoy de acuerdo contigo en que Viola es en realidad un místico del siglo xxi. Su narrativa trasciende la inmediatez de lo cotidiano y nos lleva al otro lado, al del todo y la nada. No os perdáis esta instalación (Three Women)
    https://static01.nyt.com/video/players/offsite/index.html?videoId=100000001861997

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  3. Qué bien que ya se puedan comentar, aunque cuesta un poco entender lo de responder, me encanta la idea de dialogar también entre nosotras. Empiezo por este primero. Viola es una de mis obsesiones (benignas) también. No recuerdo si he visto The Path , voy a intentar localizar el video on line pero suele ser una pena verlos en este formato, y difícil encontrarlos.
    Ana supongo que también conoces la serie de “The Passions”,un proyecto que yo vi en 2006 en Madrid… me acuerdo porque fue la última vez que fui con mi madre a una exposición. The Passions trabaja igual o muy cerca de la obra que tan bien relatas… el catálogo tiene un texto de John Walsh que te encantará, este párrafo que acabo de consultar podrías haberlo escrito tu: ” El arte para Viola pude tener una función curativa (..) lo que está en pantalla puede pasar a formar parte del proceso vital, puede filtrarse en tu cuerpo…”. Tenemos que hablar sobre esto!!

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