El grito, secuencia de un drama

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Luz de día, ambiente gris, niebla.

Los personajes, un hombre y una mujer de mediana edad cargan el maletero del coche con bolsos de mano y paquetes de regalo.

En el navegador la pantalla muestra el destino: 640 km, 6 horas sin paradas.

Emprenden viaje en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos.

Km 200.  luce un sol desvaído, la carretera atraviesa campos en barbecho

El rompe el silencio. -Esta vez va a ir bien, la iniciativa ha sido de ella. Quiere venir.

Conversan y planifican las fiestas. comparten sus reflexiones, al fin optimistas.

Ella saca el termo y ofrece té, frutos secos y mandarinas.

Realizan varias llamadas de teléfono para coordinar citas, visitas y gestiones necesarias.

Frank Sinatra canta White Christmas.

La cercanía del primer destino tensa las facciones de ambos. No puede haber tropiezos

Tocan el timbre, escuchan los pasos en la escalera, una mujer mayor viene a abrirles, ya no sabe usar el telefonillo. se abrazan, dejan las maletas y suben de nuevo al coche.

Noche cerrada. De camino al hospital la anciana relata con voz alegre el último accidente como si de una aventura se tratara.

Interior, noche. Una sala de espera enorme, blanca, brillante y vacía.

Entran las dos mujeres en la consulta.

7 horas de viaje, 10 minutos para la sentencia.

Salen de la consulta. La mujer mayor tiene ahora el semblante demudado, la pareja intercambia miradas, intentan sostener el ánimo. Todo va a ir bien mamá, tus nietos te están esperando.

Pero nada va bien, la pareja intenta seguir con el plan previsto mientras observa como la persona mayor se va cerrando, el semblante enfurruñado, los brazos cruzados.

Un puesto de castañas asadas infunde luz y calor, agarran los cucuruchos como cálices de salvación.

Primeros tanteos y primeras dudas. Sentada a su lado la hija percibe la ira que desprende su madre como un veneno, le duelen los huesos, se va al baño e intenta regular la respiración para deshacerse de la angustia.

En la habitación la pareja habla en susurros, barajan posibilidades, no está todo perdido.

Siguiente Día.  Cielo Azul, Sol radiante.

Aún parece posible. La calidez del día y el ánimo de la mujer mayor, infunde optimismo a la pareja. Los tres caminan por el pueblo, siguiendo con el plan previsto, van al supermercado y la acompañan al banco.

Interior, salón oscuro, las cortinas cerradas tapan el ultimo estropicio.

Conversan, intentan convencerla, todo está preparado: el jardinero cuidará de la gata y pagará al cristalero, celebraran la Navidad en familia, no habrá extraños, la traerán de vuelta cuando ella quiera.

Entran en un bucle de preguntas y respuestas repetidas, ningún argumento: ni el diagnóstico, ni la necesidad de vigilar el tratamiento, ni el peligro que supone su estado para si misma y para los demás, ni el afecto y preocupación de su familia logran convencerla.

Cielo azul, sol radiante.  La mujer de mediana edad sale del edificio y emite un grito desgarrado de dolor y desesperación. El la abraza, lloran.

Todo ha sido en vano, los dos, derrotados, suben al coche.

En el navegador la pantalla muestra el destino: 640 km, 6 horas sin paradas.

Emprenden viaje en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos.


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