Hay días que prometen

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Es lunes y lo tengo libre, miro por la ventana y blancos copos caen como plumas.  ¡Me encanta la nieve! Salgo de paseo, es fiesta y estreno la calle vacía, el aire frio y limpio de la sierra refresca mis pulmones,  huele a agua de manantial y a humo de leña. Un manto níveo cubre graciosamente las fealdades urbanas, mis pisadas se pierden en un silencio algodonoso. En el horizonte, de fondo las montañas y los encinares, en primer plano la torre de la Iglesia con su nido de cigüeñas, a esta hora vacío. Suenan las campanas llamando a los feligreses, recordándome que yo también tengo una llamada a la escritura, se acerca el plazo.

Voy pensando en qué escribir para estrenarme en El vapor del tiempo presente, el blog recién nacido, tras un parto típico de madres primerizas, que comparto con vieja y nuevas amigas. Tengo varios temas cocinándose en mi cabeza, pero no me decido… ¿Estaré a la altura?

 

Me voy acercando al pueblo, contra el cielo se recortan las tres chimeneas de los hornos de la antigua fábrica de porcelana y vidrio, hoy Casa de Cultura, donde trabajo.

Cada mañana voy andando a la oficina para hacer lo que me gusta: organizar cursos, talleres, conferencias, conciertos y exposiciones que despierten y alimenten la curiosidad cultural de los vecinos. Mi labor me da la oportunidad de conocer a personas interesantes, profesores y artistas por los que siento una gran admiración y profundo respeto. Poco a poco he ido haciendo entre ellos algunos amigos con los que compartir  de vez en cuando tertulias, ideas y emociones. Desde la ventana de mi despacho puedo ver a los niños jugando en el patio del colegio, a los míos cuando eran pequeños y a los que  ahora intento atraer  a la cultura.

En mis ratos libres soy también alumna de esta Escuela en música y danza, lo que además de cultivar mis aficiones me permite comprender la otra cara de mi trabajo. Así todo tiene sentido

Estos pensamientos me inundan de una casi pueril alegría mientas  llego a mi destino, me doy cuenta de lo afortunada que soy.  Estoy donde quiero estar y lo que era un deseo: encontrar amigas con quien compartir inquietudes y un punto de estímulo intelectual se cumple ahora gracias a El vapor del tiempo presente. Todo un reto

Aunque mañana amaneciese torcido, hay días que prometen y este es uno de ellos.

En Valdemorillo, 5 de febrero de 2018


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