El acercamiento a Almotásim. Jorge Luis Borges

Almotásim

Pessoa

Dice Jose Luis Rodríguez Zapatero (sí: él) en el prólogo de Ficciones, que la lectura de Borges marca una frontera. Algo así como el tornado del Mago de Oz, o el Armario de las Crónicas de Narnia: umbrales que, una vez traspasados, despliegan  para nosotros una realidad multidimensional, nunca antes presentida, de la cual uno regresa transformado. Zapatero tiene razón. Jorge Luis Borges mezcla en su narrativa lo fantástico, lo filosófico y lo existencial, y lo hace de una manera poética, velada y sugerente, nunca explícita. Con el lirismo y el valor que le confieren estas personalísimas cualidades, su literatura produce un placer de carácter único y especial, al tiempo que inspira, adorna y multiplica nuestra percepción del mundo.

El acercamiento a Almotásim pertenece a la serie de cuentos fantásticos titulada El jardín de los senderos que se bifurcan. Antes de comenzar esta pequeña reflexión, me gustaría que lo leyerais, apenas os llevará cinco o diez minutos. Sin una lectura previa mis comentarios resultarán farragosos y aburridos. Advierto a quien no lo haga que se pierde un destello de gran intensidad. Aquí lo tenéis:

http://www.letrasperdidas.galeon.com/consagrados/c_borges01.htm

El acercamiento a Almotásim es un relato dentro del relato. En apenas cuatro páginas, narra el extraño y sorprendente contenido de una novela imaginaria. Borges la dota, como hace habitualmente, de una filiación completa en cuanto a título, autor, ediciones, etc, y nos anuncia en ella, a través de reseñistas de ficción, una doble naturaleza: se trata de una novela policíaca (alguien sigue una pista) y mística (en algún momento hay un elemento que apunta la unión del alma humana con lo divino). Estas dos señas de identidad nos sugieren a priori que, en el relato, alguien va a emprender, siguiendo un indicio, la búsqueda de la Verdad, de lo Absoluto. Casi nos lo ha dicho todo antes de comenzar con el argumento.

La novela, que Borges atribuye en la fantasía a un abogado hindú, comienza cuando su protagonista, un joven y descreído estudiante de Derecho, se ve inmerso en un enfrentamiento nocturno entre hindúes y musulmanes en la ciudad de Bombay. En el tumulto, cree haber causado la muerte de un hindú y huye de la policía del Sirkar atravesando los arrabales de la ciudad. Atraviesa dos vías ferroviarias, o dos veces la misma, y llega al jardín de los perros color de luna, en cuyo centro hay una torre circular. Sube a la azotea a través de una escalera en la que faltan algunos tramos, donde encuentra a un hombre vil, despojador de cadáveres, que le habla con rencor de otros ladrones. A la mañana siguiente, el estudiante despierta y, al recordar, cree percibir, de pronto, un destello de humanidad en las palabras del villano. Consciente de que esa luz es un reflejo que procede de otro ser, Almotásim, decide dedicar su vida a encontrarlo: “En algún punto de la tierra hay un hombre de quien procede esa claridad; en algún punto de la tierra está el el hombre que es igual a esa claridad”. El cuento hace en este punto una elipse y, tras una breve descripción de su peripecia, el fugitivo se va acercando poco a poco a Almotásim. La novela dentro del cuento concluye cuando, tras el marco de una puerta cubierta con una tosca estera de cuentas, el estudiante que va a dar con Almotásim percibe un intenso resplandor. Llama con firmeza y pregunta por Almotásim. Finalmente, la voz de Almotásim lo invita a pasar. En este punto la novela concluye.

Con este tremendo flash Borges nos deja en nockaut por la vía del misterio y del símbolo. Pero como, en el fondo es un gran maestro, coge un periódico que tiene a mano, se inclina sobre nosotros, y nos da un poco de aire. Se propone acompañarnos durante un momento de reflexión. Sabe que el cuento nos interpela, pues todo lector de Almotásim está llamado a ser el protagonista de la narración.

Antes de concluir el relato de la novela, cuando el estudiante está aún en su camino hacia Almotásim, Borges nos sugiere una primera lectura: “la insaciable busca de un alma a través de los delicados reflejos que ésta ha dejado en otras: en el principio, el tenue rastro de una sonrisa o de una palabra; en el fin, esplendores diversos y crecientes de la razón, de la imaginación y del bien”. Con un lirismo extremo, nos invita a hacer una reflexión ética: podemos ser Luz para los demás, debemos ser Luz para los demás. Es una llamada poética a la autoconciencia: ¿alguien podría encontrarnos, descifrarnos, por los delicados reflejos que dejamos en nuestros hijos, nuestros amores, nuestros amigos, nuestros alumnos, nuestros compañeros o nuestra obra?. Y en sentido proyectivo, puesto que la Luz tiene que ver, en palabras del  autor, con la sonrisa, la palabra, la razón y el bien: ¿cuál es la energía, la verdad y la luz que irradiamos en nuestro entorno ?. No debemos pasar por alto que las personas mas cercanas a Almotásim son: un librero de suma cortesía y felicidad (la sabiduría) y un santo (el amor). Con este detalle, Borges se atiene al valor no solo del amor, sino también de la palabra, la razón, la imaginación y el conocimiento como embajadores plenipotenciarios de la Luz. En Almotásim queda claro que la mirada cálida del amor y la sabiduría pueden transformarnos.

El otro gran aspecto simbólico del cuento lo constituye la misma peripecia del protagonista. Se trata de un estudiante, alguien que aún- no- sabe, un aprendiz, que, partiendo de la oscuridad y del mal, pues todo empieza en la noche, el descreimiento y el latrocinio, va en busca de Almotásim; es decir: de la Luz y la Verdad. Y el mismo Borges nos ayuda en la exégesis. No se sabe si Almotásim es el emblema de Dios, si es el mismo Dios unitario, el Uno presente en todas las cosas y en nosotros mismos, lo  divino del alma humana; lo sustancial es que el estudiante busca de forma activa el encuentro con Almotásim, con la Verdad. Es un viaje simbólico, un proceso gnóstico de autoconciencia que le conduce, como posibilidad, a su imagen especular en el centro de sí mismo. Símbolos de paso como vías, escaleras, torres y puertas aparecen en el cuento como imágenes de la ascensión ontológica del ser. A medida que los hombres interrogados han conocido mas de cerca a Almotásim, su porción divina es mayor.

Almotásim es, en la frontera de lo ambiguo, un relato de iniciación, un viaje interior de la oscuridad a la Luz. Borges nos sugiere el mas útil, interesante y complejo de los conocimientos humanos: el conocimiento de uno mismo. Flota cómodamente en lo sublime, pues aúna lucidez, arte, poesía y excelencia. Nadie vuelve a ser el mismo después de haber vislumbrado, tras la estera barata con muchas cuentas, el resplandor de Almotásim.

Madrid, 1 febrero 2018

Claudio Monteverdi. Selva Morale e Spirituale
Imágenes: Maurits Cornelis Escher. Waterfall. Relativity

2 respuestas a “El acercamiento a Almotásim. Jorge Luis Borges

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