Salir, salir, salir


Alex Prager. party

En varios idiomas se utiliza el término salir para citar la acción de socializar y divertirse en un espacio ad hoc, con algo mas de aparato de lo ordinario. Los españoles tenemos fama de alegres en este sentido, y es cierto, pues aquí se estima la costumbre de salir con frecuencia, a cualquier edad. Para el español medio, la afición a la gastronomía es un signo de refinamiento y elegancia, y salir a cenar es el plan habitual de la gente de mundo.

Aun a riesgo de resultar friki o snob, aprovecho esta entrada del VTP para hablar de mi desagrado por esta afición a salir y frecuentar sitios rebosantes de gente y de ruido, me parecen pequeños recintos del infierno en la tierra. Esta manía mía se descontrola además en los meses de verano, cuando el calor, las vacaciones y la pasión provocan una efervescencia de la alegría de vivir, y restaurantes, “terracitas” y “playitas”, en versiones chuscas o sofisticadas, hacen las delicias de la temporada.

Alex Prager. Playa

Alex Prager_Airport_PRESS

Alex Prager. Cinema

Tiene mucho sentido; y es que, en nuestra sociedad, el interés de una persona se mide, entre otras cosas, por lo mucho que sale y la cantidad de restaurantes y sitios de moda que en su escala conoce. Se valora el peso de su ajetreo: lo que viaja, lo que sale o lo que compra; para ser socialmente relumbrón hay que salir mucho, viajar mucho (casi como si te estuvieran persiguiendo) y consumir mucho. Cuanto mas caros y exclusivos los viajes, los restaurantes o las compras, mas poderoso es nuestro atractivo. Y hay productos de consumo de rabiosa actualidad, como las series. Quien no esté al tanto de las últimas temporadas de las series de Netflix o HBO se quedará fuera de onda en algunas conversaciones.

La cena automática de viernes o sábado en un restaurante de moda me ha parecido siempre un plan soporífero. En mi antigua vida de casada -en todos los sentidos-, asistía con frecuencia a cenas de matrimonios. Las mujeres hablábamos de los hijos, del servicio doméstico o, las que trabajábamos, de nuestros problemas para conciliar la vida profesional y familiar. Ellos se reservaban temas mas interesantes: negocios, economía o política. No recuerdo una sola vez que fueran mas allá. En aquella época aprendí que un registrador de la propiedad puede ser un belorcio, y que en la mentalidad de una abogada del Estado puede habitar, con perdón de la expresión, una maruja. Es posible que todo esto haya cambiado, pero algo me dice que no es así.

Por fortuna existe el divorcio, a veces necesario para que cada uno lleve su espíritu hacia adelante. Hoy en día, me permito ser yo misma y, aunque me divierto, viajo, compro y hago planes (todavía no he conseguido ver series, aunque en mi entorno hay personas a las que respeto que las disfrutan), intento huir de la granja-factoría de consumo y entretenimiento. Detesto los lugares bulliciosos, no me gusta salir-por-salir, soy asocial en el sentido mas trivial y vacío del término. Hago planes con mis amigos con un objetivo concreto: una excursión, una exposición, un concierto, un teatro. Y lo que mas disfruto es el encuentro, la filia, la afición a mi círculo mas o menos íntimo, especialmente si se cultiva en un ambiente propicio, agradable y silencioso. Me gusta recibir y visitar las casas de mis amigos, es para mí un plan infalible; rodearme de personas que encuentran las estrellas Michelín en otro orden de cosas. Nuestras comunes inclinaciones hacen que la conversación sea siempre agradable y fecunda, el tiempo compartido de la mejor calidad, sin afectación.

Hace unos días encontré, en un puesto de Notting Hill, una postal con un lema que conocía. Refleja mi manera de pasarlo bien, y me hizo sonreír. Decía:

to spend a lot of time at home with your love, family or friends can provoke an extraordinary and delicious addiction

(pasar mucho tiempo en casa con tu amor, familia o amigos puede provocar una extraordinaria y deliciosa adición) 

Recojo aquí una cita de Italo Calvino sobre la Levedad, incluida en sus Seis Propuestas para el Próximo Milenio:

Si quisiera escoger un símbolo propicio para asomarnos al nuevo milenio, optaría por este: el ágil, repentino salto que se alza sobre la pesadez del mundo, demostrando que su gravedad contiene el secreto de la levedad, mientras que lo que muchos consideran la vitalidad de los tiempos, ruidosa, agresiva, piafante y atronadora, pertenece al reino de la muerte, como un cementerio de automóviles herrumbrosos. 

Imágenes y Teaser: Alex Prager. Face in the Crowd

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