Alibabá en Xanadú

Leo estos días en la prensa sobre el frenesí que se ha montado en la inauguración de la primera tienda física de aliexpress en el centro comercial de Xanadú, en Móstoles. 3.000 personas según el ayuntamiento, 5.000 para los organizadores (parece que habían prometido regalos a los cinco primeros) hicieron cola de dos días, abarrotaron los párquines y el centro comercial, e incluso dicen que hubo varios conatos de peligro ante masas desbocadas por la visón cercana de casi 1.000 metros cuadrados de electrónica y quincallería variada más o menos barata, o algo menos cara.

También he leído análisis algo tontos de esta historia, como el de un columnista del Confidencial, que siendo él de Móstoles, reivindica la bacanal hiperconsumista de Madrid sur en clave de “clase”. O sea, viene a decir: qué pasa, os metéis con ellos porque es un ocio de pobres (sic), porque el Smart phone es de señoritos y que esperar “dos días a la puerta de un establecimiento es la alternativa idónea cuando los madrugones y las horas extra no remuneradas no han dado los resultados que esperábamos”. Dudas sobre la tristeza de que el objetivo máximo sea adquirir y poseer la última variante más nimia de tecnología, o de drones, o de pulseritas electrónicas fabricadas o distribuidas probablemente con unos estándares laborales como poco opacos, eso no le preocupa ni le inflama ni le irrita a nuestro periodista mostoleño. Tampoco seguramente sabe nada de consumo electrónico y nivel socioeconómico en España, porque cualquier sociólogo de andar por casa puede confirmar que los televisores más caros y más grandes, los móviles más tochos o las marcas más costosas no se reparten como se repartía la riqueza en el siglo pasado, sino que hay una franja socioculturalmente media-baja que las ha convertido en su seña de identidad, especialmente entre los jóvenes.

Buceo un poco en la red y veo que aliexpress pertenece al grupo alibabá del magnate chino Jack Ma, un personaje con tintes a lo gran Gatsby y dotes histriónicas que han acabado contagiándose a su staff, que ha visto a su jefe disfrazado de casi todo. En una reciente fiesta de la compañía apareció vestido de rockero punk y dio un concierto delante de 20.000 empleados.

Me prometo averiguar más sobre el personaje de Jack Ma, pero mientras, sigo leyendo las declaraciones oficiales de los directivos de la firma sobre las razones por las que han elegido España como primer país en todo el mundo para abrir su primera tienda física, y me dejan aún más perpleja: para los directivos del gigante chino, los españoles estamos más abiertos a experimentar y a probar nuevos productos que el resto de ciudadanos europeos. Esto si me huele raro de verdad, o francamente preocupante…¿no será que somos más tontos o más paletos, o menos leídos que nuestros vecinos y es más fácil hacernos pensar que lo último, bueno o malo, útil o banal, es siempre lo mejor?. ¿Habrán encontrado una variable milagrosa entre el perfil de usuarios de Xanadú (donde está esta tienda) y lo que antiguamente- allá por los dos miles y poco- se llamaban “early adopters”?.

La dinámica hiperconsumista hace mucho que dejó de basarse en adquirir y poseer para consistir sobre todo en estar en movimiento. No es la creación de nuevas necesidades lo que constituye su mayor preocupación sino el hecho de minimizar, atacar y ridiculizar las necesidades de ayer. Bauman también lo llama crono-sociología, un término basado en la idea de sapiens como ser “crónico”, individuos que solo viven en el presente sin prestar ninguna atención ni a las experiencias del pasado ni a las consecuencias futuras de sus acciones. La vida de consumo es una vida de aprendizaje rápido y de olvido vertiginoso. Para parte de los consumidores del siglo XXI es tan importante, si no más, olvidar que aprender. Sin duda, hay una tendencia creciente opuesta y claramente relacionada con la crisis climática global, pero de acuerdo con las previsiones de los directivos chinos, parece que en España estamos muy lejos de esta última tendencia.

Leo que un madrileño de 34 años- David Cardero se llama- fue el primero de la fila. Llegó el viernes a las nueve de la mañana (la tienda se abría el domingo a las 12, todo estilo locura appel store o estreno de  star wars)  para conseguir su premio. “Yo quería un patinete, pero no me dejan elegir el regalo. Me van a dar un móvil, pero, sobre todo, me llevo una gran experiencia”. El viejo Bauman murió, pero seguro que hubiera esbozado una leve sonrisa al leer lo que para David y quizá los 3.000 de la cola significa una gran experiencia en la vida.