Madrileños jaraneros, insumisos y pardobazanistas

Madrid es plaza rebelde. Es audaz, directo, combativo, como lo fue Emilia Pardo Bazán. Jaranero y curioso, Madrid no ha cerrado a cal y canto las puertas a la cultura y la socialización en los últimos meses de pandemia. Gracias a ello, los madrileños hemos seguido asistiendo a conciertos, al teatro, a la ópera, a museos y exposiciones, cursos, conferencias, cafés, nos hemos tirado a la calle. Todos: los que están a favor de esta liberalización de las medidas y los que están en contra. Porque aquí uno viene a hacer lo que le da la gana y no crecen canas entre pensar y decir o actuar. Y poco importa si de lo uno a lo otro caemos en contradicción. ¿Será la luz, la limpieza de esta atmósfera, que nos invita a ser naturales a la hora de demostrar cualquier impresión; el determinismo ambiental que tan bien supo reflejar Emilia Pardo Bazán ? Dicen que la arrogancia y la chulería, que la capitalidad. Ay, Madrid, que mañana en las elecciones puede resultar cualquier cosa: lo esperado o lo contrario de lo esperado; o lo contrario de lo contrario de lo esperado.

Madrid acoge a todos y celebra a los que la entienden y la aman. Conmemora este año el centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán. Gallega de origen, madrileña de adopción, ciudad en la vivió durante 50 años, la escritora entendió nuestra idiosincrasia a la perfección, haciéndola en cierto modo suya, pues, en su manera de analizar y juzgar hubo siempre una franqueza cristalina. EPB ejemplarizó y propuso, en la España finisecular del siglo XIX -un mundo de hombres para hombres-, un nuevo modelo de mujer: inteligente, trabajadora, cultivada, espiritual, dialogante, política, participativa, digna y autónoma, dueña de un destino propio y no sujeto a los azares del matrimonio y la familia. ¡Qué rara eres!, como las gemas preciosas, le decía Galdós.

De origen aristocrático, su pensamiento y personalidad se forjaron a partir de las lecturas, que inició de niña, como refleja en los Apuntes autobiográficos que se publicaron en la primera edición de su novela Los pazos de Ulloa; su vida en Madrid, ciudad a la que se trasladó con su familia para seguir la actividad política de su padre; sus viajes por Europa, sus estancias en París; y su actividad periodística y literaria, que le llevó a entablar amistad y correspondencia con notables escritores y políticos de su época, españoles y extranjeros.

Novelista, poeta, cuentista, dramaturga, periodista, editora, profesora, catedrática, conferenciante, ateneísta, traductora, crítica, consejera de educación pública, desde todas las tribunas EPB defendió sin ambages su patriotismo y regionalismo sentimental, con una comprensión total de la realidad peninsular y su pluralidad cultural,  en contra de un estado uniformador que pretendiera acallar toda peculiaridad; su ímpetu feminista, eficaz y pragmático, nunca ruidoso ni violento, que no se afirmaba desde fuera sino formando parte de los mismos foros que los grandes hombres de su época y que sostenía el derecho a la educación como herramienta fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria; y su propuesta de regeneración intelectual, artística y moral, necesaria para la recuperación de una España en decadencia. Mujer principal, no en el sentido aristocrático o provinciano, sino en el intelectual, ético y literario, EPB es para muchos la mejor novelista española del siglo XIX. Fue la primera mujer dramaturga, la primera socia de número del Ateneo madrileño, la primera directora de su Departamento de Literatura, la primera catedrática de universidad. Sólo se le resistiría la Academia. Y sólo por ser mujer.

El 12 de mayo se cumplen cien años de su muerte, a tres días de la fiesta de San Isidro que tan vivamente recreó en su novela Insolación. Publicada en 1889, Dedicada a Lázaro Galdiano en prenda de amistad, la novela tiene tintes autobiográficos y evoca algo de lo que debió de suceder entre ellos tras ser presentados en la Exposición Universal de Barcelona. Incidente con el apuesto José Lázaro Galdiano en Arenys de Mar a espaldas de Don Benito Pérez Galdós, su entonces pareja sentimental. En Insolación, será Asís Taboada, la Marquesa viuda de Andrade, en muchos aspectos parecida a la misma autora, quien se salte las convenciones con un tronera gaditano. Y todo por la luz y el sol de Madrid,

porque aun siendo el caso tan desatinado y enorme, bien cabe suponer que en las fiebres pasionales tiene algo de necesario y fatídico, cual en las otras fiebres, la calentura

Novela feminista por excelencia, en Insolación aparecen algunos de los dualismos pardobazanianos como determinismo-libertad, ilustración- barbarie, aristocracia-pueblo, hombre-mujer o naturaleza-ciudad. Según Clarín, antipático poema de una jamona atrasada en caricias. Se entiende, Don Leopoldo; estas cosas disparatadas sólo suceden en Madrid.

Aquí, el 3 de mayo, víspera de las elecciones autonómicas del 2021, mientras va poniéndose el sol, subiendo de piso en piso a despedirse de los cristales. Una madrileña insumisa. Pardobazanista.


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